MIRAR A LA IGLESIA CON ESPERANZA aquí el artículo en PDF
Edgar Villasmil Zúñiga
En un mundo que a diario parece oscuro, sin sentido y con muchas incertidumbres, la Iglesia aparece como un faro de luz que nos invita a mirar hacia adelante con confianza y esperanza. Es por ello que la encíclica Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, y la espiritualidad de san José de Calasanz nos vienen a recordar que la esperanza es un elemento esencial de nuestra vida de fe y un pilar fundamental en nuestra realidad como creyentes.
Es notable que el documento presenta que la esperanza es un motor que impulsa a la humanidad hacia el futuro. En este sentido, estamos llamados a ser portadores de esta virtud, no solo para nosotros mismos, sino también para nuestros amigos, familiares y con quienes compartimos el día a día. La juventud es la etapa de la vida en la que estamos llenos de sueños y anhelos, y es precisamente en esta búsqueda de sentido de las cosas donde encontramos la esencia de nuestra esperanza cristiana.
Asimismo, san José de Calasanz habló sobre la esperanza y cómo la misma se encuentra cimentada en la confianza en Dios. Él decía: «a nosotros nos ha de mantener firmes la confianza en Dios y no en los hombres. Procuremos, pues, servirle y confiar en Él…» (Ep. 2352, 1626). Estas palabras han de resonar en nuestros corazones, ya que muchas veces nos sentimos a la deriva en un mar de dudas y desafíos; es entonces, donde la esperanza nos anima, nos da estabilidad y nos permite enfrentar las tormentas de la vida con coraje y valentía. Por lo tanto, es importante recordar que la esperanza no es solo una emoción pasajera, sino una virtud que se cultiva cada día y, como el mismo santo nos lo recuerda, debemos ser perseverantes en esto hasta el final, confiando plenamente en Dios.
De igual manera, la encíclica nos anima a mirar al futuro con esperanza, puesto que «la esperanza es un don de Dios que nos permite mirar hacia el futuro con confianza, incluso en medio de las dificultades» (Gaudium et Spes 21), siendo conscientes de que nuestras acciones y decisiones tienen un impacto en el mundo que nos rodea y se hacen visibles en nuestro compromiso con la justicia social, el cuidado del medio ambiente y la promoción de la paz. De este modo, la esperanza nos motiva a actuar, a ser agentes de cambio y a construir un mundo más justo, fraterno y solidario. Ahora bien, para lograr esto, es necesario educarnos y formar nuestras conciencias para poder ser líderes, puesto que la educación no solo se refiere al conocimiento académico, sino también a la formación espiritual y moral, como en sus distintos escritos[1] nos lo dejó plasmado san José de Calasanz.
Por otro lado, Gaudium et Spes hace una llamada a la unidad y la sinodalidad, debemos ser conscientes de que nuestra esperanza está ligada a la de los demás, por eso, cuando apoyamos, escuchamos y compartimos con nuestros hermanos sus historias, luchas y experiencias estamos tejiendo lazos de esperanza que pueden transformar vidas y cambiar realidades.
Ser joven en la Iglesia hoy implica abrazar la esperanza como un regalo divino, y nos recuerda que estamos llamados a ser faros de luz en un mundo que a menudo se siente oscuro. Que nuestra fe en Cristo, Sol que nace de lo alto, nos inspire a vivir con alegría y confianza, sabiendo que cada uno de nosotros tiene un papel fundamental en el gran proyecto de amor que Dios tiene para la humanidad, y que descubrimos a través de la oración, el estudio de la Palabra y la participación activa en la vida de la Iglesia, donde podemos fortalecer nuestra esperanza y compartirla con otros.
[1] D. Cueva, Calasanz, mensajes espiritual y pedagógico, 1973.

