María y José tenían por costumbre celebrar la Pascua en la ciudad de Jerusalén a dónde van con un Jesús de doce años. Al dejar la ciudad se dan cuenta de que han perdido a Jesús y vuelven a buscarlo.
EN MEDIO DE MAESTROS
A los tres días, María y José encuentran a Jesús. En el templo. Sentado en medio de maestros. Les escuchaba y les hacía preguntas y estos, se admiraban de sus intervenciones como si de un niño prodigio se tratara.
«LAS COSAS DE MI PADRE»
María, asombrada, le pregunta a Jesús por qué ha tratado así a sus padres, que le estaban buscando. Jesús también se sorprende. Responde: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
MARÍA CONSERVA LO OCURRIDO
En este pasaje del Evangelio, y en más de una ocasión, se nos recuerda que «María conservaba todo esto en su corazón». Aunque no lo comprenda, como la Madre que es, retiene lo vivido como promesa de Dios.
El texto me interpela
Ante pasajes del Evangelio que hemos escuchado un sinfín de veces, entramos en un dinamismo que nos lleva a sacar como conclusión de la Palabra, moralejas, como si de una fábula de Esopo se tratara. Descentrar la mirada y fijarse con minuciosidad en la manera que otros interactúan con Jesús nos puede ayudar a descubrir también otros detalles que la Palabra tiene escondida para nosotros.
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