Joseph Perich

En la India los trenes van siempre a rebosar, incluso la gente se sube al techo.

Un buen día un misérrimo pasajero, montado encima del techo del tren, perdió una sandalia, cayendo cerca de la vía. Entonces se quitó su otra sandalia y la tiró cerca de la vía, apuntando al lugar que había caído la primera.

Un pasajero que iba a su lado, sorprendido, le dijo:

-¡Pero qué haces, loco!

Y el pobre respondió:

-Poseer una única sandalia no me soluciona nada. Y si alguien tan sólo encuentra una, tampoco le servirá de nada. Ojalá que alguien pase por aquí y encuentre las dos.

REFLEXIÓN:

Es verdad que a veces el que menos tiene es el que más comparte.

  • En el hospital Trueta de Gerona, un amigo mío de 84 años, se había jugado la vida en la sala de operaciones, debido a la colocación de un marcapasos. Ya en planta, al ver a su cardiólogo le dice: ¿Cómo se encuentra, doctor? ¡Es que en la sala de operaciones lo vi sudar de una manera! ¡Qué sacudida de humanidad para este médico de parte de su paciente!
  • Mariola, es una chica de 25 años con parálisis cerebral que utiliza silla de ruedas, un día su madre la acompañó a visitar a un amigo sacerdote, muy delicado, en la Residencia Sivilla de Gerona. La misma noche recibo este correo, tecleado con dificultades para ella: ¡Hola!, ¿sabes que fui al Sivilla de Gerona, una residencia para los sacerdotes que están un poco delicados? ¡Uno de los sacerdotes me dio una cucharada de su yogur! ¿Por qué me ha llegado el mensaje una semana después?, Mariola aún saborea aquella terapéutica cucharada.

Y es que hacer muy feliz a una persona depende de tan poco. Las personas con menos recursos humanos y materiales son capaces con más sencillez, que otras superdotadas, de intuir y hacer vibrar la fibra sensible de la felicidad al más triste o preocupado; y no como estrategia para conseguir algo, sino desde la gratuidad.

En una pared leo este texto: «Si das de sí, dejarás de pensar en sí». Sí, ser bueno es importante, pero siempre será mejor hacer el bien.

Ahora bien, algunas personas -yo diría con alto grado espiritual- son capaces de darse sin guardarse un as en la manga. El recientemente fallecido Marco Vilarasau, jesuita joven de largo recorrido en su compromiso social, afirmaba desde su experiencia que: «la diferencia entre dar todo o darlo casi todo es infinita».

Recordaremos aquella escena en la que Jesús, después de observar como en el templo los ricos echaban mucho dinero mientras un viuda pobre echaba dos pequeñas monedas de cobre, llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha echado un tesoro mayor que todos los demás. Todos han dado lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir «(Mc 12, 43-44).

Sí, dio «la otra sandalia».