RECREAR LA OPORTUNIDAD

Silvia Martínez Cano

http://www.silviamartinezcano.es / @silviamcano

«Una bolsa de plástico tarda 400 años en descomponerse». Este eslogan ya tiene aproximadamente doce años. Sin embargo no ha dejado de ser actual y sigue recordándonos una intuición que se ha hecho realidad en pocos años: que estamos viviendo una crisis planetaria y necesitamos un cambio de vida. Asistimos a un deterioro real de la vida que presupone próximamente un final catastrófico. Estos dos últimos años hemos añadido otro elemento a la crisis: la vulnerabilidad de la vida en todas sus formas.

La crisis es un fenómeno complejo. Tiene distintas dimensiones, no solo la dimensión del deterioro material, sino también un valor simbólico de cambio de paradigma. La crisis siempre muestra que las cosas no funcionan y que se necesita un cambio en el modo de existir, no solo en lo ecológico, sino también en la forma de comprender el mundo. La crisis siempre representa una postura crítica con el mundo que uno vive. Pone en tensión lo conocido con lo soñado y supone siempre un movimiento de lo degradado a lo regenerado. La crisis nos obliga a pensar el mundo en quiebra y a imaginar una transformación adecuada para un mundo globalizado sostenible. Todos estamos implicados en este imaginar y actuar. Te propongo que ejercites esta tensión en tres aspectos de la crisis:

La crisis ecológica: en un modelo de consumo sin control, los recursos planetarios continúan desapareciendo. La Tierra, que funciona como un cuerpo orgánico que nos alberga y sustenta, está en un proceso de degradación, no sabemos si irreversible del todo, pero muy preocupante. El deterioro muestra que nuestro sistema de desarrollo de corto recorrido produce beneficios, pero no para todos. A nivel global, la pérdida ecológica es para todos. Asumir esta participación con responsabilidad es asumir la oportunidad de la herida: curarla y sanarla. La clave es la responsabilidad: si encendiste, apaga; si consumiste, recicla; si compraste, comparte… La acción siempre es doble: hacia mí y hacia los demás (respetar el medio y a las personas). Los actos básicos de consumo son los mejores: una dieta que reduce carne y grasas de animales o menos compras de baratijas de plásticos en bazares reduce las emisiones de gases contaminantes en China o en países con ganadería intensiva. La responsabilidad va unida a la austeridad.

La crisis económica: hoy, para sobrevivir, ni el egoísmo ni la codicia funcionan. La crisis nos recuerda que una economía ecológica es aquella que empieza por la solidaridad. El sistema capitalista donde unos pocos crecen mucho mientras otros muchos decrecen debilita todavía más el equilibrio del planeta. Una economía ecológica debería propiciar un desarrollo basado en el conocimiento para sustituir el antiguo desarrollo basado en la ignorancia. Cuando se conocen las causas, los procesos y las consecuencias del deterioro de la vida de muchas personas y muchos ecosistemas, y se comparten recursos e ideas para combatirlo, el sistema social mejora. Una cultura de la austeridad es contagiosa cuando se comparten desde la escuela valores como la autocontención, la autolimitación y la suficiencia. En la escuela, juntos, podemos aprender a decir «basta». Así crece con más rapidez la generosidad a través del compartir con los vecinos y en los barrios, en el comercio justo, en la banca ética, en redes sociales de cuidados, etc.

 

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La crisis humana: tras la pandemia visibilizamos mejor que otras veces la fragilidad humana. El mundo que hemos habitado hasta ahora se rige por dinámicas de poder: la razón por encima del cuerpo y las emociones, el ser humano por encima de la naturaleza y el hombre por encima de la mujer. El redescubrimiento del próximo (el vecino, el colectivo del barrio, etc.) en pandemia como la extensión de la propia casa, puede dibujar una vida muy distinta a la de las dos últimas décadas. La clave del cuidado es fundamental para establecer nuevas relaciones de confianza y de gratuidad que favorecen la vida del otro y producen beneficios a medio plazo: confianza, apoyo de tiempos y tareas, sostenimiento emocional y creatividad ante los problemas, economías domésticas alternativas, etc.

La crisis puede ser una oportunidad de sanación. Nos damos poca cuenta que los grandes beneficiados de la crisis podemos ser nosotros mismos y por prolongación toda la creación. Lograrlo exige un cambio de mentalidad: nuestro beneficio no puede ser a costa de nadie. El sufrimiento de la crisis abre la puerta, como en un parto, a una vida distinta, a una «vida vivida mejor». La mirada cristiana nos da una clave: anunciar que la vida compartida y en crecimiento repele la muerte. Es una clave escatológica, una invitación esperanzada a compartir los sufrimientos y las alternativas como actos de bondad de nuestros corazones (la manifestación de la gracia de Dios en nuestra historia). Dios está aquí en la crisis, abre la puerta a una nueva vida, como acompañante fiel, fuerza de resiliencia y fuego regenerador. Ahora nos toca actuar. Crisis significa oportunidad, oportunidad significa una nueva forma de relacionarnos con el mundo.

La clave del cuidado es fundamental para establecer nuevas relaciones de confianza y de gratuidad.

Dios está aquí en la crisis, abre la puerta a una nueva vida, como acompañante fiel, fuerza de resiliencia y fuego regenerador.