Dedicado a los testigos del Reino

 

Así como ellos (los mártires) ahora son plenamente libres, así también nosotros debemos de soltar nuestras ataduras y poder comprometernos sin miramientos; arriesgarnos a vivir, arriesgarnos a hacer cosas nuevas, a ser creativos, arriesgarnos e incluso equivocarnos y dejarnos corregir, no quedarnos mirando unos a otros esperando que la realidad cambie por sí sola, es necesario que la Iglesia[1] se haga presente y rompa con las relaciones que, en lugar de fortalecer la santidad, le hacen mirar a otro lado, desviar la atención de las verdaderas necesidades, de los verdaderos necesitados. Ser libres en el Amor, si verdaderamente amamos podremos arriesgarnos, si este amor es libre no estaremos atados, sino que nos comprometeremos y seremos… plenamente libres.

[1]Entendida como Pueblo de Dios e institución.