El momento de la vida en el que actualmente me encuentro me permite compartir y valorar con muchos de los que acompañé cuando eran adolescentes y jóvenes, que hoy son hombres y mujeres hechos y derechos, padres y madres de familia, sacerdotes, religiosos/as, incluso algunos abuelos o abuelas, lo entonces soñado y posteriormente realizado. Cuando nos encontramos las «viejas guardias» generalmente lo hacemos para recordar, para gozar del hermoso don de la amistad tejida a lo largo de los años, y para compartir los logros y los problemas de hoy y los que asoman en el futuro. No nos reunimos solamente para recordar, y menos para añorar, lo hacemos, también, para compartir lo que el presente nos depara a cada uno de nosotros. Descarga aquí el artículo en PDF