Este relato de las tentaciones de Jesús es una recapitulación de la oposición y resistencia que encontró Jesús a lo largo de su misión, así como la respuesta que dio con su conducta a los que querían que siguiese otro camino.
Estaban, en primer lugar, los que le empezaron a seguir por la posibilidad de “hartarse de pan” y no por su evangelio. Habrían querido una multiplicación de panes todos los días. La clientela hubiera sido segura. Pero Jesús responde: No solo de pan vive el hombre. Jesús no promete que el que le siga a él tendrá más riquezas y más comodidades. La persona que solo busca eso en la vida sentirá un tremendo vacío.
En segundo lugar, muchos querían arrastrar a Jesús hacia la toma del poder, que convirtiese su proyecto de salvación en una opción política poderosa que se impusiese por la fuerza. Hubiera sido la degradación del verdadero poder de Dios: Jesús responde que solo al Señor tu Dios adorarás. La historia ha visto con horror a demasiados tiranos que se han proclamado a sí mismos “dios”. Solo el verdadero Dios debe ser adorado.
En tercer lugar, eran también numerosos los que pedían éxitos espectaculares que le salvasen de la persecución y aplastasen a los que le contradecían o le ridiculizaban. El éxito hubiera sido multitudinario. Pero, según Jesús, eso es tentar a Dios, pretender que este resuelva por la vía rápida e incluso mágica los problemas que tenemos que resolver las personas.
Frente a esas alternativas, Jesús nos envía el mensaje de que el gran fracaso de la vida no está en la carencia de riquezas, de poder o de éxitos espectaculares. El gran fracasado de la vida es el incapacitado para amar.
La Cuaresma no es una invitación a ser infelices “por amor a Dios”. En la vida a menudo la conciencia nos pide no ganar dinero a toda costa aplastando a quien sea, no utilizar el poder en provecho propio y no emborracharnos de éxito sin medir las víctimas que podemos dejar por el camino. Todo eso no es una invitación a ser infelices “por amor a Dios”. Al contrario, el amor de Dios nos ilumina para buscar un camino de verdadera felicidad y libertad para todos.
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: “Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando cunado llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: “Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle”.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. (Lc 9, 28b-36)

