Vivimos en el momento más tecnológico y científico de la historia. Cuando parece imposible que puedan aparecer ya más cosas nuevas, de repente aparece un nuevo smartphone, o un coche inteligente, o unas gafas interactivas, o una manera de que se haga cirugía a kilómetros de distancia. Hemos empezado a vivir en un mundo digital, donde todo ocurre a través de internet. Parece que la ciencia y la tecnología lo pueden todo.
Pero no es así.
Desde luego, la ciencia es esencial para el desarrollo del ser humano y le ha permitido evolucionar hasta lo que somos hoy en día. Es una gran herramienta siempre que nos sirva para ser más felices y nos ayude a mejorar nuestro ser.
Pero nunca podrá suplir al amor. Nunca podrá ser igual que otro ser humano. Nunca tendrá el poder de nuestra fe. Nunca podrá suplir a Dios. Podemos analizar científicamente la fe todo lo que queramos, pero nunca vamos a llegar a comprenderla a fondo si no es con el corazón.
Si se nos olvida eso, podemos confundirnos un poco y descubrirnos alabando a otros dioses. Ya no solo el dios dinero, sino el dios influencer, el dios consumir es vivir o el dios red social.
¿Pueden la ciencia y la tecnología dar amor? ¿Puede sustituir el abrazo de una madre o de un padre? ¿Es lo mismo dar un like que dar un beso? ¿Tu smartphone puede morir por ti en la cruz?
La ciencia tiene su lugar. No dejes que ocupe el de Dios.

