CARRETILLA Y EL TRAPECISTA (LA)
Joseph Perich
Un circo ambulante hacia las delicias del público.
Un trapecista se colocaba sobre un alambre tensado entre dos extremos del circo y a mucha altura desarrollaba sus ejercicios de acrobacia. Una de sus demostraciones consistía en llevar una carretilla sobre el alambre. Llega a la meta. Se vuelve y retrocede. Se detiene. Grita desde arriba a los espectadores: “¿Creen que puedo arrastrar la carretilla hasta el otro extremo?”.
Todos toman la pregunta como una broma y le gritan en voz alta: “Naturalmente, si la has pasado antes”.
Pero el artista no se conforma con esto y se dirige directamente a uno de la primera fila y le pregunta: “¿Lo cree usted realmente?”
De nuevo brota el mismo grito de entusiasmo: “¡Sí, naturalmente!”. “Entonces –dice el artista– venga y siéntese en mi carretilla”.
Silencio desconcertante.
REFLEXIÓN:
Todos conocemos personas capaces de «taladrar-te», como dicen los jóvenes, para «venderte la moto» de cómo debería ir el mundo.
Ahora pienso en una persona, que considero buen amigo, pero que se encuentra obsesionado para conseguir y ver el paraíso terrenal de la fraternidad en un país de América del sur. Es un auténtico militante. Pero si entráramos a valorar su relación con los de su casa, su mujer y los hijos, nos sorprendería su falta de respeto y de colaboración. Se repite la escena del entusiasta espectador que no acepta subirse a la «carretilla» de su propia casa.
Todos conocemos personas (quizás bien cercanas) que se llaman creyentes (practicantes o no) pero que no han subido al «carro» y no piensan subir, alguno con la excusa de que no tienen tiempo. Me recuerda aquel feligrés que antes de morir encargó a su hermana que fuera a comprar un crucifijo y lo guardara en la cómoda por si un día lo tenía que utilizar.
La cantante Nuria Feliu, como si conociera el cuento del trapecista, canta la relación amorosa en estos términos:
«Poco a poco … sencillamente, tu compañía, poco a poco en ti me ha transformado».
Para los que tenemos al trapecista Jesús por referente, este nos invita a perder el miedo, a tener confianza en él y subir al «carro».
Las teorías o los discursos de poco sirven. Sólo tú compañía, despacio, en tí me ha transformado.

